lunes, 31 de agosto de 2026

MAIN CHARACTER MOMENT

Ayer me sentí muy como los hombres de las películas románticas cuando les dicen que el amor de su vida se va a ir lejos y no lo van a volver a ver nunca más, y entonces salen corriendo detrás de ella, intentando llegar antes de que se vaya.

Solo que, en mi caso, no había una estación de tren, ni una despedida bajo la lluvia, ni música dramática de fondo, había una terminal de buses y yo intentando no perder el mío.

Al mediodía, mi amiga me escribió para decirme que estaba terminando de juntar sus cosas porque tenía que irse a su casa, su gato estaba enfermo y quería volver cuanto antes. Y yo, que vivo a casi una hora de la terminal y que además tengo que lidiar con los gloriosos horarios de fin de semana del transporte, hice lo único que se me ocurrió: arreglarme a toda velocidad y salir corriendo a la parada del bus con la esperanza de llegar a la terminal antes que ella, o al menos antes de que se fuera.

Creo que nunca me había preparado tan rápido para salir de casa.

En mi cabeza, claramente, era una de esas escenas donde el protagonista corre desesperado mientras piensa “no puede irse todavía”. La realidad era bastante menos cinematográfica: yo mirando la hora cada treinta segundos, calculando conexiones y preguntándome si el próximo bus realmente iba a aparecer.

Pero la intención estaba.

Y supongo que eso es lo gracioso del asunto, no estaba corriendo detrás del amor de mi vida, estaba corriendo detrás de mi amiga porque quería verla aunque fueran unos minutos antes de que se fuera. 

Después de correr hasta la parada, milagrosamente no tuve que esperar demasiado para que pasara un bus que me llevaba directo a la terminal, el único pequeño detalle era que era el que hacía el recorrido más largo. Mi amiga se iba a las 14:00 y yo, mientras estaba arriba del bus, prácticamente le estaba rogando por mensajes que me esperara, que ya iba a llegar, que por favor no se fuera todavía. Yo estaba completamente convencida de que iba a lograrlo, aunque matemáticamente no tenía demasiado sentido.

Finalmente, bajé del ómnibus a las 13:45.

Y ahí empezó la verdadera escena de película.

domingo, 30 de agosto de 2026

¿PODEMOS HABLAR DE...?

¿Podemos hablar de Frank Langdon?

Hay algo particularmente incómodo en los personajes que funcionan demasiado bien. Porque cuando pensamos en una persona con una adicción, muchas veces esperamos encontrar el desastre evidente: alguien que perdió su trabajo, sus relaciones, que ya no puede mantener una rutina. Pero ¿qué pasa cuando la persona sigue llegando a trabajar a tiempo, sigue siendo buena en lo que hace y sigue siendo capaz de salvarle la vida a alguien mientras, en privado, depende de algo que sabe que no debería necesitar?

Frank Langdon es, probablemente, una de las representaciones de un adicto funcional que más me han convencido en muchísimo tiempo, y creo que gran parte de lo bien construido que está el personaje tiene que ver precisamente con que The Pitt nunca necesitó convertir su adicción en su única característica. Frank seguía siendo Frank. Seguía siendo médico, seguía teniendo personalidad, seguía siendo bueno en lo que hacía y, sobre todo, seguía funcionando.

Y creo que por eso mismo le costó tanto darse cuenta de que existía un problema.

Porque, desde afuera, ¿qué había realmente para sospechar?

Frank estaba lleno de energía, era inquieto, hiperactivo, estaba constantemente haciendo cosas, atendía a sus pacientes, cumplía con lo que tenía que hacer y muchas veces incluso iba más allá de lo que se esperaba de él, no era alguien que llegara al hospital incapaz de trabajar o que estuviera evidentemente fuera de sí, al contrario: rendía. Y cuando alguien rinde, cuando alguien hace su trabajo bien, cuando incluso parece hacerlo mejor que los demás, es muy fácil asumir que está bien. Ese es quizás uno de los aspectos que más me gustan de cómo está planteado Frank, la serie no nos está mostrando a alguien cuya adicción es inmediatamente reconocible, no hay una señal enorme que nos diga “aquí está el problema”. Hay pequeñas cosas que, vistas de manera aislada, no significan demasiado: Una energía que parece simplemente parte de su personalidad, una inquietud que puede confundirse con entusiasmo, una conducta que, en otro contexto, probablemente describiremos simplemente como “Frank siendo Frank”.

sábado, 29 de agosto de 2026

¿LO MANTENEMOS CASUAL?

Creo que probablemente es la frase que más escuché a lo largo de la semana. De parte de mi hermana, en conversaciones con amigas, en canciones e incluso en la serie que estoy viendo actualmente, y lo único en lo que puedo pensar es que no la entiendo para nada, no la entiendo y, por consecuencia, no la comparto.

“Lo mantenemos casual.”

¿Pero qué significa eso exactamente?

Entiendo perfectamente lo que significa la palabra casual. Sé que, en teoría, habla de algo relajado, sin demasiadas complicaciones, sin expectativas y sin necesidad de darle demasiada importancia a las cosas.

Pero ¿Cómo algo como una relación se mantiene casual? ¿No se supone que el objetivo de una relación es que te importe la otra persona? ¿Cómo llegas al punto de estar con una persona y decidir que lo mejor es que sea “algo casual”? ¿Qué significa exactamente eso? ¿Qué no te importa? ¿Qué no quieres que te importe? ¿O que sí te importa, pero estás intentando que no importe demasiado?

Porque creo que ahí está mi problema con esta frase.

No entiendo cómo puedes compartir tu tiempo con alguien, conocerlo, hablar con esa persona, reírte con ella, contarle cosas sobre tu vida y, al mismo tiempo, establecer una especie de límite invisible que diga: hasta aquí me importa.

Y quizás eso es lo que menos entiendo de todo.

¿Cómo llegas al punto de estar en algo con una persona que no te importa y solo le pones la etiqueta de algo casual?

¿PODEMOS HABLAR DE...?

¿Por qué septiembre es amarillo? Quizás antes de hablar de todo lo que significa este mes, vale la pena preguntarse algo bastante sencillo: ...