sábado, 29 de agosto de 2026

¿LO MANTENEMOS CASUAL?

Creo que probablemente es la frase que más escuché a lo largo de la semana. De parte de mi hermana, en conversaciones con amigas, en canciones e incluso en la serie que estoy viendo actualmente, y lo único en lo que puedo pensar es que no la entiendo para nada, no la entiendo y, por consecuencia, no la comparto.

“Lo mantenemos casual.”

¿Pero qué significa eso exactamente?

Entiendo perfectamente lo que significa la palabra casual. Sé que, en teoría, habla de algo relajado, sin demasiadas complicaciones, sin expectativas y sin necesidad de darle demasiada importancia a las cosas.

Pero ¿Cómo algo como una relación se mantiene casual? ¿No se supone que el objetivo de una relación es que te importe la otra persona? ¿Cómo llegas al punto de estar con una persona y decidir que lo mejor es que sea “algo casual”? ¿Qué significa exactamente eso? ¿Qué no te importa? ¿Qué no quieres que te importe? ¿O que sí te importa, pero estás intentando que no importe demasiado?

Porque creo que ahí está mi problema con esta frase.

No entiendo cómo puedes compartir tu tiempo con alguien, conocerlo, hablar con esa persona, reírte con ella, contarle cosas sobre tu vida y, al mismo tiempo, establecer una especie de límite invisible que diga: hasta aquí me importa.

Y quizás eso es lo que menos entiendo de todo.

¿Cómo llegas al punto de estar en algo con una persona que no te importa y solo le pones la etiqueta de algo casual?

Porque para mí ahí es donde la idea deja de tener sentido. Si estás compartiendo una parte de tu vida con alguien, por pequeña que sea, ¿Cómo puedes decidir de antemano que esa persona no va a significar nada para ti? ¿En qué momento se supone que estableces ese límite? ¿Antes de conocerla? ¿Después de conocerla? ¿Cuándo empiezas a sentir algo? ¿Cuándo empiezas a sentir miedo de sentir algo?

Y, sobre todo, ¿Cómo haces para que los sentimientos respeten ese límite?

Puedes intentar hacer casual la situación, puedes hacer casual la manera en la que se conocen, la frecuencia con la que se ven, incluso puedes decidir no ponerle un nombre a lo que está pasando. Pero la persona sigue siendo una persona, tiene una historia, tiene pensamientos, tiene sentimientos, tiene una vida que, de alguna manera, empieza a mezclarse con la tuya ¿Cómo eso puede ser casual? ¿Cómo sabes de antemano cuánto va a importarte la otra persona? y si ya te importa lo suficiente ¿por qué llamarlo casual? 

Siento que es como poner una barrera y decir: hasta aquí puedes llegar.

Puedes conocerme, pero no demasiado.
Puedes gustarme, pero no demasiado.
Puedes formar parte de mi vida, pero solo un poco.
Puedes importarme, pero no lo suficiente como para que esto deje de ser casual.

Y ahí es donde más me molesta, porque hay un punto en que deja de ser confuso y empieza a ser molesto. Creo que todos nos merecemos algo estable, alguien que en verdad se preocupe y quiera estar ahí, no tiene sentido estar junto a alguien que solo viene cuando quiere algo, que solo aparece cuándo quiere un mínimo de cariño y ahí es donde aparece la persona casual ¿Llenar un vacío pero sin la oportunidad de crear otro o lastimar cuando se vaya? ¿Un mecanismo de defensa para no ser lastimado? ¿O solo una forma más cruel de lastimar a alguien? Por que mientras para uno es casual para el otro puede no serlo ¿Es posible estar de acuerdo con mantener algo así sin tener sentimientos de por medio? Debe estar presente el "Tal vez si me quedo el tiempo suficiente", "Tal vez si lo apoyo lo suficiente", "Tal vez si le demuestro ser suficiente". Y quizás ahí está otra cosa que me cuesta aceptar.

Tal vez si aceptas algo casual es porque, en el fondo, no te sientes suficiente para pedir algo más, tal vez crees que eso es todo lo que mereces y lo aceptas porque, después de todo, ¿no es mejor poco que nada? Un poco de amor para no estar solos. Un poco de compañía para llenar el silencio. Un poco de cariño para convencernos de que, por lo menos, alguien nos eligió.

¿Es eso un pago justo?

Tal vez para algunos sí, y no estoy acá para hacer menos a esas personas ni para decir que existe una única manera correcta de relacionarse con alguien. Si dos personas quieren exactamente lo mismo, si ambas entienden lo que significa para ellas mantener algo casual y están cómodas con eso, entonces ¿Quién soy yo para decirles que está mal?

Creo que mi problema aparece cuando casual deja de significar algo que ambos eligieron y empieza a significar algo que uno acepta porque espera que algún día cambie, que de un día para el otro la otra persona caiga en cuenta de que si valías algo y que quiera estar contigo de verdad. Entonces ahí ya no estamos hablando de un interés en común entre los dos, estamos hablando de una persona que lo propone y de una que espera. 

Espera que se dé cuenta.

Espera que cambie de opinión.

Espera que un día le mire diferente.

Espera que, después de todo lo que hizo, de todo lo que dió y de todo el tiempo que se quedó, finalmente decida que eres suficiente para algo más.

Y no sé si hay algo más triste que quedarse en un lugar esperando que alguien te elija de una manera que ya te dijo que no podía ofrecerte. Tampoco estoy para criticar a quién propone lo casual, es probable que sea solo una manera para evitar que siga la insistencia del otro, una manera de decir, esto es lo máximo a lo que vamos a llegar y quizás, incluso, existe la esperanza de que la otra persona no lo acepte.

Quizás decir “lo mantenemos casual” también puede ser una forma de poner un límite cuando no sabes cómo decir que no quieres llegar más lejos.

Y supongo que ahí está la parte que todavía estoy intentando entender.

Porque quizás “casual” no siempre significa lo mismo para todos.

Para algunos puede significar libertad.

Para otros, comodidad.

Para otros, una forma de no comprometerse.

Y para alguien más puede significar quedarse esperando que algún día deje de serlo. ¿Pero en verdad vale la pena?¿No es doloroso ver al otro hacer su vida sin tomarte en cuenta? Estás ahí, sí, pero no ocupas un lugar que implique algo para el otro. Porque esa persona no va a sacrificar nada para que te quedes, no va a cambiar nada para que te sientas mejor, no va a detener su vida para hacerte un espacio dentro de ella.

Y quizás eso es lo que más duele.

Estás presente, pero no formas parte de las decisiones.

Estás cerca, pero no eres una prioridad.

Importas, pero no lo suficiente como para que algo cambie.

Es como estar en el papel de un simple personaje secundario: apareces cuando eres importante para la trama, tienes algunas escenas, algunas conversaciones, algunos momentos que parecen significar algo. Pero cuando tu parte termina, la historia continúa perfectamente sin ti. Y quizás lo más triste de ser ese personaje secundario es que tú sí sabes que la historia puede continuar sin ti, mientras que una parte de ti sigue esperando que algún día el protagonista decida que quiere que te quedes para el siguiente capítulo.

Y tampoco creo que se trate de convertirse en el protagonista de la vida de otra persona. No creo que alguien tenga que reorganizar toda su vida alrededor de nosotros para demostrar que le importamos. Creo que se trata de algo mucho más sencillo. De saber que si estás en la vida de alguien, realmente hay un lugar para ti, no el lugar que queda libre cuando todos los demás se han ido, no el lugar al que vuelven cuando necesitan compañía, un lugar que existe incluso cuando no eres necesario para que la historia avance.

Porque quizás no quiero ser el protagonista de la historia de nadie.

Pero tampoco quiero ser alguien a quien puedan sacar del guión sin que cambie absolutamente nada.

Además ¿Qué pasa cuando te acostumbras a ser el personaje secundario?
Cuando dejas de preguntarte por qué nunca eres la prioridad y empiezas a pensar que quizás ese es el lugar que te corresponde. Quizás ahí está el verdadero peligro de aceptar tan poco. No en recibir poco, sino en acostumbrarte a ello. Empezar a pensar que pedir más es pedir demasiado, Que querer que alguien te elija de verdad es ser exigente, que esperar algo estable es querer complicar las cosas.

Y entonces vuelves a la misma pregunta: ¿no es mejor poco que nada?

Durante mucho tiempo creo que la respuesta más fácil habría sido que sí.

Porque, ¿qué tiene de malo conformarse con un poco si ese poco te hace feliz? ¿Qué tiene de malo aceptar las migajas de cariño si, al menos por un momento, consiguen que no te sientas solo?

Pero cuanto más lo pienso, menos segura estoy de que poco siempre sea mejor que nada. Por que tal vez ese poco te haga sobrepensar por las noches, te haga llorar cuándo lo ves con alguien más, te haga esperar horas, días, a que te conteste un mensaje, te trate mal cuándo están frente a otros por que “Es casual, nadie se tiene que enterar” 

¿Pero por qué?

¿Por qué algo que supuestamente es tan sencillo necesita esconderse?

¿Por qué compartir una parte de tu vida con alguien puede ser algo de lo que hay que avergonzarse cuando aparecen otras personas?

Y quizás ahí es donde poco deja de parecer suficiente.

Porque no solamente estás recibiendo menos de lo que quieres. Estás empezando a pagar por ese poco con tu tranquilidad, con tus noches pensando demasiado, con tus expectativas, con tus inseguridades, con la espera.

Y quizás ahí es cuando la pregunta deja de ser “¿no es mejor poco que nada?”

Y empieza a ser:

¿Cuánto de mí estoy dispuesta a perder para poder conservar ese poco?

Y creo que esa es una pregunta que pocas veces nos hacemos.

Porque cuando queremos a alguien, es muy fácil fijarnos en lo que recibimos y olvidarnos de lo que estamos entregando a cambio. Tengo de ejemplo a mi hermana, en nuestras conversaciones sobre el tema está muy presente el “Yo doy lo que doy porque quiero, no espero a que él me de nada a cambio o que me devuelva nada”

Y entiendo lo que quiere decir.

Entiendo que hay cosas que hacemos por alguien simplemente porque queremos hacerlas. Porque nos nace. Porque queremos ver feliz a esa persona. Porque dar cariño también puede ser una forma de querer y no todo tiene que convertirse en una especie de intercambio.

No creo que cada cosa que hacemos por alguien tenga que tener un precio o una devolución exacta.

Pero entonces me surge otra pregunta:

¿En qué momento dejar de esperar algo a cambio deja de ser una elección y empieza a ser conformarse con no recibirlo?

Porque puedes decir que no esperas nada, puedes convencerte de que no necesitas nada, puedes repetir que das porque quieres y que eso debería ser suficiente.

Pero, ¿qué pasa cuando en el fondo sí quieres algo?

¿Qué pasa cuando quieres que te busquen? Cuando quieres que te tengan en cuenta, cuando quieres que también hagan un esfuerzo por ti, cuando quieres sentir que, si un día dejas de dar, alguien va a notar tu ausencia.

Porque quizás no se trata de esperar que la otra persona te devuelva exactamente lo mismo que tú das.

Quizás se trata simplemente de querer sentir que también existe un deseo del otro lado de hacerte un lugar.

Y creo que esa diferencia es importante. ¿Estás dando de manera desinteresada porque realmente no esperas nada a cambio, o te estás conformando con nada porque sabes que es lo máximo que vas a recibir?

Porque creo que desde afuera pueden parecer exactamente lo mismo.

En los dos casos estás dando sin pedir demasiado.

En los dos casos dices que estás bien.

En los dos casos puedes repetir “yo lo hago porque quiero”.

Pero no se sienten igual.

Una cosa es elegir no esperar nada y otra muy diferente es dejar de esperar porque ya entendiste que esperar algo más probablemente no va a cambiar nada.

Una nace de la libertad.

La otra, quizás, nace de la resignación.

Y no sé cuál de las dos me parece más triste: querer a alguien sin necesitar que te quiera de la misma manera, o convencerte de que no necesitas más simplemente porque sabes que esa persona nunca va a darte más.

Tal vez la diferencia está en algo muy sencillo: si estás eligiendo o si estás aceptando.

Elegir dar sin esperar nada es una decisión.

Aceptar menos de lo que quieres porque crees que es lo máximo que vas a recibir es otra cosa completamente diferente.

Y tal vez después de escribir todo esto sigo sin saber exactamente qué significa “lo mantenemos casual”.

Para algunas personas significa libertad. Para otras, tranquilidad. Para otras, simplemente no querer ponerle un nombre a algo que todavía no saben qué es.

Y está bien.

No creo que exista una única manera correcta de querer a alguien, no creo que todos tengamos que buscar lo mismo, ni que una relación tenga que verse de una determinada manera para ser válida.

Pero creo que sí hay una diferencia entre elegir algo porque realmente es lo que quieres y aceptarlo porque tienes miedo de pedir algo más.

Entre no necesitar más y haber aprendido a vivir con menos.

Entre dar porque quieres y dar porque, en el fondo, esperas que algún día eso sea suficiente para que alguien te elija.

Y quizás eso es lo que realmente quería entender cuando empecé a escribir esto.

No qué significa casual para los demás.

Sino qué significa para mí.

Y creo que ya tengo una respuesta.

Para mí, querer a alguien no debería sentirse como intentar ocupar el menor espacio posible en su vida para no perder el lugar que tienes.

No quiero ser una visita.

No quiero ser un secreto.

No quiero ser la persona a la que buscan cuando necesitan compañía y olvidan cuando dejan de necesitarla.

No quiero ser un personaje secundario esperando que, después de suficientes capítulos, finalmente le den un papel principal.

Quiero estar donde también quieran que esté.

Y quizás eso sea lo menos casual de todo.

Porque si algún día alguien entra en mi vida, no quiero tener que preguntarme cuánto puedo quererlo sin arruinarlo.

No quiero tener que medir cuánto me importa.

No quiero tener que aprender a sentir menos para que algo funcione.

Quiero poder decir:

“Me importas.”

Y que eso no sea demasiado.

Así que tal vez ahora entiendo por qué nunca pude compartir esa frase.

No porque “lo mantenemos casual” esté necesariamente mal.

Sino porque, al menos para mí, si tengo que aprender a querer a alguien con límites sobre cuánto puedo sentir, probablemente ese no sea el lugar donde quiero quedarme.

Y si eso significa que estoy pidiendo demasiado… supongo que prefiero pedirlo.

Antes que acostumbrarme a recibir demasiado poco.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¿PODEMOS HABLAR DE...?

¿Por qué septiembre es amarillo? Quizás antes de hablar de todo lo que significa este mes, vale la pena preguntarse algo bastante sencillo: ...