¿Podemos hablar de Frank Langdon?
Hay algo particularmente incómodo en los personajes que funcionan demasiado bien. Porque cuando pensamos en una persona con una adicción, muchas veces esperamos encontrar el desastre evidente: alguien que perdió su trabajo, sus relaciones, que ya no puede mantener una rutina. Pero ¿qué pasa cuando la persona sigue llegando a trabajar a tiempo, sigue siendo buena en lo que hace y sigue siendo capaz de salvarle la vida a alguien mientras, en privado, depende de algo que sabe que no debería necesitar?
Frank Langdon es, probablemente, una de las representaciones de un adicto funcional que más me han convencido en muchísimo tiempo, y creo que gran parte de lo bien construido que está el personaje tiene que ver precisamente con que The Pitt nunca necesitó convertir su adicción en su única característica. Frank seguía siendo Frank. Seguía siendo médico, seguía teniendo personalidad, seguía siendo bueno en lo que hacía y, sobre todo, seguía funcionando.
Y creo que por eso mismo le costó tanto darse cuenta de que existía un problema.
Porque, desde afuera, ¿qué había realmente para sospechar?
Frank estaba lleno de energía, era inquieto, hiperactivo, estaba constantemente haciendo cosas, atendía a sus pacientes, cumplía con lo que tenía que hacer y muchas veces incluso iba más allá de lo que se esperaba de él, no era alguien que llegara al hospital incapaz de trabajar o que estuviera evidentemente fuera de sí, al contrario: rendía. Y cuando alguien rinde, cuando alguien hace su trabajo bien, cuando incluso parece hacerlo mejor que los demás, es muy fácil asumir que está bien. Ese es quizás uno de los aspectos que más me gustan de cómo está planteado Frank, la serie no nos está mostrando a alguien cuya adicción es inmediatamente reconocible, no hay una señal enorme que nos diga “aquí está el problema”. Hay pequeñas cosas que, vistas de manera aislada, no significan demasiado: Una energía que parece simplemente parte de su personalidad, una inquietud que puede confundirse con entusiasmo, una conducta que, en otro contexto, probablemente describiremos simplemente como “Frank siendo Frank”.
Y ahí entra algo que me parece especialmente interesante: la cotidianidad.
Las personas que rodeaban a Frank lo veían todos los días, trabajaban con él, hablaban con él, lo conocían desde hacía tiempo y estaban acostumbradas a su manera de ser. Y creo que cuando convivimos demasiado con alguien podemos terminar perdiendo perspectiva, dejamos de observar a la persona como un conjunto y empezamos a interpretar cada comportamiento dentro de la imagen que ya tenemos de ella.
Si Frank siempre fue inquieto, entonces que esté inquieto no parece extraño.
Si siempre tuvo mucha energía, entonces que tenga mucha energía tampoco parece extraño.
Si siempre hablaba, se movía y hacía diez cosas al mismo tiempo, ¿por qué empezaríamos a pensar que algo cambió?
Y justamente por eso me gusta tanto la llegada de la doctora Santos a este aspecto de la historia. Ella no tenía esa familiaridad con Frank, no tenía años de acostumbrarse a verlo de determinada manera, no tenía una imagen previa que acomodara automáticamente todo lo que estaba observando y, por eso, desde afuera, pudo notar algo que los demás habían dejado de cuestionar.
Ella pudo ver la fotografía completa.
Y me parece muy significativo que su reacción fuera, básicamente, pensar que algo no estaba bien, porque a veces la diferencia entre notar algo y no notarlo no está necesariamente en cuánto conoces a una persona, sino en cuánto tiempo llevas acostumbrándote a ella.
También creo que el contraste entre las dos temporadas hace que todo esto sea todavía más evidente.
Durante la primera temporada, Frank tiene una personalidad mucho más expansiva, es más juguetón, más expresivo, parece tener una energía prácticamente inagotable, está constantemente moviéndose, saltando de una cosa a otra, hablando, preguntando, interviniendo. Hay algo casi eléctrico en él.
Y después está el Frank de la segunda temporada.
Es mucho más contenido, más incómodo, más apagado, incluso, y claro, podemos atribuir parte de ese cambio a todo lo que está viviendo, a tener que enfrentarse a las consecuencias de lo ocurrido y a la incomodidad de volver al hospital después de todo lo que pasó. Pero también hay una diferencia fundamental: Frank ya no está consumiendo. Y cuando ves ambas versiones una al lado de la otra, algunas de esas cosas que durante la primera temporada podían parecer simplemente rasgos de personalidad empiezan a adquirir otro significado. Por eso me causó gracia ver comentarios o videos diciendo algo como “¿por qué nunca mostró señales?” y que la respuesta fueran precisamente clips de Frank saltando por todas partes, repitiendo preguntas, moviéndose constantemente y mostrando una cantidad de energía bastante difícil de asociar con alguien que lleva horas trabajando en urgencias.
Las señales estaban ahí.
Solo que no tenían la forma que esperábamos.
Y creo que esa es una de las cosas que The Pitt hace especialmente bien con él, no convierte la adicción en una especie de transformación instantánea de personalidad donde, de repente, el personaje deja de ser quien era, lo que hace es mucho más sutil: toma características que ya forman parte de Frank y nos obliga a preguntarnos cuánto de ellas pertenece realmente a su personalidad y cuánto estaba siendo provocado o intensificado por lo que consumía.
Porque durante bastante tiempo, aparentemente, no había una consecuencia suficientemente grande como para obligarlo a detenerse.
No perdió inmediatamente su capacidad para trabajar.
No dejó de atender pacientes.
No dejó de ser competente.
No se convirtió de un día para otro en alguien irreconocible.
Y precisamente por eso podía seguir diciéndose que no había un problema.
Pero que una bomba todavía no haya explotado no significa que no esté ahí.
Y creo que Frank funciona tan bien como personaje porque durante toda esa primera temporada podemos ver cómo se construye esa bomba sin que necesariamente nos demos cuenta de que la estamos mirando, y quizás también sea importante aclarar qué era exactamente aquello que Frank estaba escondiendo, porque no se trataba simplemente de “tener un problema con las drogas”. Frank era dependiente de las benzodiacepinas, medicamentos que además formaban parte de su propio entorno de trabajo y creo que ese detalle hace que su historia sea todavía más incómoda. Porque no estamos hablando de algo completamente ajeno a su vida cotidiana, las benzodiacepinas estaban dentro del hospital, formaban parte de los medicamentos que podía encontrarse utilizando para tratar a sus pacientes y, por lo tanto, estaban integradas en el mismo ambiente en el que Frank se desenvolvía todos los días, eso también ayuda a entender por qué durante tanto tiempo podía mantener esa apariencia de normalidad.
Y hay algo que me parece particularmente interesante: Frank no parecía percibirse a sí mismo como alguien que estaba perdiendo el control, de hecho, una de las cosas que hace más complicada su historia es precisamente que él podía construir una explicación para prácticamente todo lo que estaba haciendo.
No estaba dejando de trabajar.
No estaba dejando de atender pacientes.
No estaba llegando al hospital completamente incapacitado.
Desde su propia perspectiva, podía seguir pensando que estaba haciendo lo necesario para poder continuar con su vida y con su trabajo, y creo que ahí aparece una diferencia enorme entre saber que estás haciendo algo que no deberías hacer y reconocer que tienes un problema.
Porque Frank sabía perfectamente que estaba cruzando límites.
Lo que no parecía aceptar del todo era lo que eso significaba sobre él.
Y quizás por eso me parece tan importante que la serie no haga que su revelación llegue acompañada de una transformación inmediata, cuando Robby descubre lo que está pasando, no estamos viendo a un personaje que de repente se convierte en “el adicto”, seguimos viendo al mismo Frank que conocíamos desde el primer episodio, solo que ahora nosotros sabemos algo que antes no sabíamos.
Y eso cambia retrospectivamente muchísimas escenas.
De repente empiezas a recordar determinados comportamientos y a mirarlos de otra manera.
La energía excesiva.
La inquietud.
La forma en la que parece estar constantemente acelerado.
La necesidad de estar haciendo algo todo el tiempo.
Y también esos pequeños momentos en los que parece reaccionar de una manera desproporcionada ante determinados comentarios o situaciones relacionadas con las drogas. No porque cada una de esas cosas, por separado, sea una prueba de nada. Justamente ese es el punto. El problema es que cuando las miramos todas juntas después de conocer la verdad, empiezan a formar una imagen distinta, y creo que esa es una de las cosas más inteligentes que hizo la serie con Frank: no necesitó cambiar al personaje después de revelar su adicción,simplemente cambió nuestra manera de interpretarlo.
Lo que antes parecía personalidad ahora también puede leerse como una señal.
Lo que antes parecía energía ahora puede hacernos preguntarnos qué había detrás.
Lo que antes parecía simplemente Frank siendo Frank adquiere otra dimensión.
Y ahí es donde creo que la primera temporada se vuelve todavía más interesante cuando la vuelves a mirar sabiendo lo que va a pasar.
Porque la serie no estaba escondiendo las señales, nosotros simplemente todavía no sabíamos qué significaban y eso era lo más realista de todo.
Cuando conocemos a alguien, no vamos por la vida intentando encontrar síntomas o señales de que algo está mal, vemos a la persona que conocemos, si esa persona trabaja bien, conversa con nosotros, hace bromas, atiende a sus pacientes y parece tener energía de sobra, nuestra primera conclusión no va a ser que existe un problema oculto.
La conclusión más sencilla siempre va a ser: así es Frank.
Y durante mucho tiempo, eso fue suficiente.
Hasta que dejó de serlo.
Y entonces llegamos a la segunda temporada, que para mí es donde el personaje se vuelve todavía más interesante, porque si la primera temporada trata, en gran medida, sobre un Frank que puede esconder su adicción detrás de su propia funcionalidad, la segunda trata sobre qué pasa cuando esa fachada ya no existe, vuelve al hospital después de rehabilitación, y creo que una de las cosas más llamativas es que no vuelve siendo exactamente el mismo personaje, no solamente porque ahora sabemos lo que pasó, sino porque él mismo parece haberse quedado sin aquella energía que durante tanto tiempo había sido parte de su identidad.
El contraste es enorme.
El Frank de la primera temporada parecía estar permanentemente acelerado, era de esos personajes que parecían incapaces de quedarse quietos, estaba constantemente moviéndose, haciendo algo, buscando lo siguiente, hablando, interviniendo, parecía que si se detenía durante demasiado tiempo iba a perder algo.
Y en la segunda temporada está mucho más quieto.
Más contenido.
Más consciente de sí mismo.
Incluso físicamente se siente distinto.
Y me parece muy interesante porque, después de haber pasado por rehabilitación, Frank ya no puede simplemente continuar como antes, ahora tiene que convivir con algo que durante mucho tiempo había logrado mantener separado del resto de su vida, tiene que reconocer lo que hizo, asumir las consecuencias y, sobre todo, aprender a existir sin aquello que durante tanto tiempo había utilizado para mantenerse funcionando.
Y eso probablemente sea mucho más difícil que simplemente dejar de consumir.
Porque una cosa es quitar aquello que estaba provocando el problema y otra muy diferente es aprender a vivir con todo lo que había estado intentando tapar.
En la primera temporada Frank siempre parece estar escapando hacia adelante.
En la segunda, por primera vez, tiene que quedarse quieto.
Y creo que esa diferencia explica muchísimo su comportamiento.
Hay algo que me parece especialmente interesante en la manera en la que Patrick Ball interpreta este cambio, no se siente como si hubieran decidido simplemente “hacerlo más tranquilo” porque Frank está en recuperación, se siente como si le hubieran quitado una velocidad que había sido parte de él durante muchísimo tiempo.
Y eso hace que incluso sus momentos más normales tengan otra lectura.
Porque ahora Frank tiene que estar presente.
Tiene que escuchar.
Tiene que tolerar la incomodidad.
Tiene que aceptar que hay personas que ya no confían en él.
Y tiene que entender que volver al hospital no significa automáticamente recuperar la vida que tenía antes. Robby, por ejemplo, ya no lo mira de la misma manera y creo que eso es importante porque Robby no solamente está reaccionando a que Frank tenga una adicción, está reaccionando a la traición de alguien en quien confiaba. Frank no solamente tiene que recuperarse de su dependencia, también tiene que reconstruir la confianza que perdió.
Y eso me parece una de las partes más humanas de su arco.
Porque la recuperación no funciona como una especie de botón de reinicio, no puedes simplemente decir “ya estoy bien” y esperar que todo vuelva a ser exactamente como antes. El resto de las personas también tienen que procesar lo que pasó. Y Frank tiene que aprender a aceptar que no puede controlar cuánto tardarán los demás en perdonarlo.
Creo que ahí también aparece otra diferencia enorme entre las dos temporadas.
En la primera, Frank tiene una seguridad casi excesiva, parece estar convencido de que puede resolver las cosas, de que puede meterse en cualquier situación y salir adelante.
En la segunda, esa seguridad se rompe. Y aunque pueda parecer algo negativo, creo que en realidad es una de las primeras veces que lo vemos realmente vulnerable, ya no es el médico que siempre sabe qué hacer, es alguien que tiene que admitir que no sabe cómo arreglarlo todo y quizás por eso me gusta tanto su arco: porque la serie no presenta su recuperación como una transformación mágica en la que Frank se convierte de repente en una persona completamente nueva, sigue teniendo el mismo carácter, sigue teniendo sus capacidades, sigue siendo un médico brillante, pero ahora tiene que aprender algo que durante la primera temporada parecía incapaz de hacer:
Pedir ayuda.
Aceptar ayuda.
Y reconocer que ser capaz de funcionar no significa que no necesites que alguien te sostenga de vez en cuando, porque al final, creo que esa es la gran contradicción de Frank Langdon, durante mucho tiempo fue perfectamente capaz de sostenerlo todo:
El trabajo.
Los pacientes.
Su familia.
Su reputación.
Su secreto.
Su adicción.
Todo al mismo tiempo.
Hasta que llegó un momento en el que ya no pudo.
Y quizás lo verdaderamente interesante no sea preguntarnos cuándo dejó de ser funcional, sino cuánto tiempo llevaba sosteniendo una vida que, desde afuera, parecía funcionar perfectamente mientras por dentro se estaba volviendo cada vez más difícil de sostener.
Y tal vez por eso Frank Langdon me parece un personaje tan bien escrito, porque su historia no me hace pensar solamente en la adicción, me hace pensar en todas las veces que utilizamos la capacidad de una persona para seguir adelante como prueba de que está bien.
Si trabaja, está bien.
Si cumple, está bien.
Si ayuda a los demás, está bien.
Si sigue siendo productivo, si sigue siendo amable, si sigue haciendo bromas, si sigue llegando a tiempo, si sigue siendo bueno en lo que hace entonces no puede estar pasando nada realmente grave.
Pero Frank demuestra que sí.
Que una persona puede estar funcionando y, al mismo tiempo, estar teniendo un problema enorme.
Que alguien puede ser perfectamente competente en una parte de su vida mientras otra se le está escapando de las manos.
Y creo que por eso me gusta tanto que The Pitt no haya hecho de Frank un personaje fácil de juzgar, porque sería mucho más sencillo si su adicción hubiera venido acompañada de todas esas señales evidentes que esperamos encontrar, si hubiera sido obvio para todos desde el principio, si su comportamiento hubiera hecho imposible ignorar que algo estaba mal.
Pero no fue así.
Frank estaba ahí, todos los días, haciendo su trabajo.
Y probablemente esa sea la parte que más me queda después de verlo: no siempre podemos saber lo que está pasando dentro de alguien simplemente mirando lo bien que parece funcionar por fuera.
A veces estamos tan acostumbrados a una persona que dejamos de preguntarnos si algo cambió, a veces conocemos tanto a alguien que creemos que ya sabemos cómo se ve cuando está bien y a veces hace falta que llegue alguien completamente nuevo, alguien que no tenga ninguna idea previa de quién eres, para mirar desde afuera y decir: “algo no está bien”.
Y me gusta pensar que el arco de Frank también trata un poco de eso, de aprender que no tiene que esperar a dejar de funcionar para reconocer que necesita ayuda, que no tiene que perderlo todo para que su problema sea suficientemente real y que recuperarse no significa volver a ser exactamente el Frank de antes, sino aprender a vivir siendo una versión de él que ya no necesita esconderse detrás de esa funcionalidad.
Porque al final, quizás la pregunta nunca debió ser si Frank Langdon era un buen médico a pesar de su adicción.
La pregunta era por qué durante tanto tiempo pensamos que ser un buen médico significaba necesariamente que no podía tener una adicción.
Y creo que ahí está lo verdaderamente incómodo del personaje, no en que haya conseguido funcionar durante tanto tiempo, sino en que, mientras funcionaba, nadie, ni siquiera él mismo, tuvo demasiadas razones para detenerse y preguntarse si realmente estaba bien.
Y tal vez esa sea la diferencia entre funcionar y estar bien.
Una persona puede hacer perfectamente todo lo que se espera de ella y aun así necesitar que alguien, alguna vez, le pregunte cómo está.

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